¿COMO PUEDO AYUDARTE?
Te acompaño en un proceso de descubrimiento, procesamiento y aprendizaje emocional en Madrid o de forma on line.
BLOG
Descubre diversos recursos diseñados para apoyar tu proceso personal.
-

Cómo gestionar las emociones que duelen: por qué evitarlas es peor y cómo transformarlas
Escucharse a uno mismo de forma profunda puede mostrarnos la salida que…
-

Ira infantil: por qué tu hijo/a se enfada y cómo responder sin perder los nervios
Gestionar la ira infantil requiere entender primero qué la provoca. Todas las familias lo…
-

Autocrítica tóxica: por qué esa voz cruel no te protege y cómo transformarla
Cuando descubres que eres tu propio enemigo, es el inicio del cambio.…
No, en absoluto. La terapia psicológica no es solo para crisis o trastornos graves. Muchas personas acuden para manejar el estrés del día a día, mejorar su autoestima, tomar decisiones importantes, desarrollar habilidades de comunicación o simplemente para conocerse mejor. Es como ir al gimnasio, pero para la mente: puedes ir tanto si tienes una lesión como si solo quieres mantenerte en forma emocionalmente. De hecho, acudir antes de que aparezca una crisis es una de las mejores maneras de prevenirla.
El psicólogo se centra en la terapia mediante la conversación, el entrenamiento en habilidades y el cambio de patrones emocionales, de pensamiento o comportamiento. No puede recetar medicamentos (en la mayoría de países). El psiquiatra es un médico especializado que puede diagnosticar trastornos y recetar fármacos, aunque también puede hacer terapia. A menudo trabajan juntos: el psiquiatra con la medicación y el psicólogo con la terapia para abordar las causas profundas. No es un «quién es mejor», sino que son roles diferentes que se complementan.
No hay una respuesta única, pero como orientación general: una terapia breve suele durar entre 6 y 20 sesiones para problemas concretos (fobia, duelo no complicado, un hábito específico). Para crecimientos más profundos o trastornos de larga duración, puede extenderse meses o incluso años. En cuanto a los resultados, muchas personas notan un alivio inicial en las primeras 3-4 sesiones solo por sentirse escuchadas y validadas. Cambios más estables y duraderos suelen verse a partir de la sesión 8 o 10. Lo importante es no desesperar: es un proceso, no un parche.
La primera sesión es sobre todo una toma de contacto. El psicólogo te hará preguntas sobre qué te trae por aquí, tu historia personal, tu situación actual y qué esperas conseguir. También te explicará cómo trabaja, los límites de confidencialidad y podrás hacerle todas las preguntas que quieras. No hay ningún compromiso; al final tú decides si te sientes cómodo para seguir o prefieres buscar a otro profesional. Es normal sentir nervios, pero piensa que es un espacio seguro y sin juicios.
Sí, puedes hacer terapia online y múltiples estudios científicos han demostrado que es igual de efectiva que la presencial para la mayoría de los problemas comunes (ansiedad, depresión leve o moderada, estrés, duelo, problemas de pareja). Incluso hay personas que se sienten más seguras y abiertas desde su propio espacio. Eso sí, necesitas un lugar privado, buena conexión a internet y una cámara que permita establecer contacto visual. Para trastornos muy graves o con riesgo de descompensación, a veces se recomienda combinar con sesiones presenciales o directamente optar por ellas.
La clave es la alianza terapéutica, que es el vínculo de confianza y colaboración. Señales de que es el adecuado: te sientes escuchado sin ser interrumpido, el psicólogo respeta tus valores y ritmo, no te juzga, y notas que entiende tu problema. Señales de alarma: te promete resultados rápidos y mágicos, habla más de sí mismo que de ti, no aclara dudas sobre el proceso, o te hace sentir mal por pensar o sentir de cierta manera. Si después de 3-4 sesiones no hay química, es totalmente válido buscar otro profesional. Tu salud mental es lo primero.
Hay decenas de enfoques, pero los más conocidos son: Cognitivo-conductual (TCC) → se centra en cambiar pensamientos y acciones. Humanista → potencia el crecimiento personal y la autenticidad. Psicoanálisis → explora el inconsciente y la infancia, es de duración más larga. Sistémica → trabaja con las relaciones familiares o de pareja. EMDR → especialmente indicada para trauma. No hay un «mejor» enfoque universal; el mejor es el que se adapta a tu problema y a ti. El vínculo con el terapeuta importa más que la etiqueta del enfoque.
Sí, puedes y debes contar lo que te preocupa, por muy vergonzoso que te parezca. Los psicólogos estamos entrenados para no juzgar y hemos escuchado cientos de situaciones. La regla general es la confidencialidad total: nada de lo que digas saldrá de la consulta. Existen tres excepciones legales muy concretas: 1) si hay riesgo inminente de que te hagas daño grave a ti mismo, 2) si hay riesgo inminente de que hagas daño grave a otra persona, 3) si tienes conocimiento de un delito contra un menor o persona vulnerable. En esos casos, el psicólogo tiene la obligación de actuar para proteger, y siempre tratará de hablarlo contigo antes de hacerlo.
Es posible que en algunos momentos te sientas más vulnerable o triste, especialmente al empezar a abordar heridas que tenías tapadas. A esto se le llama «malestar terapéutico» y es normal, como cuando limpias una herida y duele antes de curar. Sin embargo, la terapia no debería hacerte sentir sistemáticamente peor ni hundirte. Si sientes que empeoras sin ningún alivio, es importante hablarlo con tu terapeuta para ajustar el ritmo o cambiar la estrategia. La diferencia clave: un malestar temporal, con sentido y que se alterna con momentos de alivio. No es lo mismo que un daño continuo sin propósito.
El cansancio ocasional es normal. El burnout o «síndrome del quemado» es algo más específico: aparece cuando el agotamiento es principalmente por el trabajo o estudios, y viene acompañado de dos cosas más: desconexión emocional (te da igual tu trabajo o las personas a tu alrededor) y sensación de baja eficacia (todo lo que haces te parece inútil). Si solo estás cansado pero sigues ilusionado, probablemente sea estrés acumulado. Si además del cansancio sientes que nada te motiva y que tu labor no sirve para nada, puede ser burnout. En cualquier caso, la terapia ayuda a identificar las causas y recuperar energía.
No todo lo difícil es trauma. El trauma no es el evento en sí, sino cómo ha quedado grabado en tu cuerpo y tu mente. Algo cuenta como trauma si todavía hoy, años después: 1) evitas activamente pensar en ello, 2) tienes reacciones físicas o emocionales muy intensas cuando recuerdas aquello, 3) ha afectado a cómo te relacionas con los demás o a cómo te ves a ti mismo. No necesitas que haya sido «muy grave» según los demás; si te afecta hoy, merece ser trabajado.
La culpa al poner límites suele venir de creencias aprendidas en la infancia o en relaciones anteriores, como «si digo que no, soy mala persona» o «debo anteponer siempre las necesidades de los demás a las mías». También puede estar relacionada con un miedo a la pérdida: temes que si pones un límite, la otra persona se enfade o te abandone. Esta culpa es lo que tenemos que trabajar. La sensación que experimentamos tanto en la actualidad, al no poner los límites, como la que experimentamos si nos permitimos ponerlos. Ver qué pasa en nosotros, la consecuencia de ambos caminos y la forma de llegar a donde realmente necesitamos y nos haría sentir mejor, más auténticos y en coherencia con nosotros mismos.
Lo primero que tienes que saber es que es normal compararse. Lo segundo, que las redes están diseñadas para mostrar lo mejor de los demás (incluyendo versiones editadas o irreales) mientras que tú ves todo sobre ti, y probablemente le des más peso a lo peor de ti a la hora de compararte. Sabiendo esto ya podemos ir a ver para qué acudes a las redes sociales. Qué buscas encontrar allí y si lo estás consiguiendo. ¿Cómo te sientes mientras buceas por las redes? ¿todas las publicaciones te haces sentir igual o hay impactos diferentes? La comparación puede tener un origen más profundo referido a la imagen que tienes de ti, y esto sí es importante trabajarlo. Por otro lado, a qué nos exponemos, también es importante como medida de autocuidado.
El precio varía mucho según país y modalidad. En España, por ejemplo, una sesión individual suele costar entre 50 y 90 euros. Las familiares y de pareja suelen estar entre 80 y 110 euros. En mi caso las sesiones individuales son de 70€ (50-60min) y las familiares o de pareja 90€ (80-90min).
Lourdes Arina, psicóloga general sanitaria M-24016
Te acompaño en tu cambio.
Estoy aquí para ayudarte a superar tus dificultades.
Juntos atravesaremos el momento vital en el que te encuentres y abordaremos todos los asuntos que traigas a terapia.
